Ayer estaba paseando por el Ikea y escribí una intención de esto mientras buscaba trapos de cocina y un escurreplatos nuevo. Muy guay que sean tan considerados de ofrecerlo por partes para personalizarlo, pero cuando te paras a hacer cuentas échate a temblar.
Para algunas cosas está bien, como el día que por fin se empezaron a vender los bikinis por separado porque entendimos que no todo el mundo tiene la misma talla arriba que abajo; pero ya cuando te empiezan a dar lo mismo hasta en lo más ordinario... Señor Kamprad (qué nombre más conveniente, la verdad) ¡yo solo quiero que mi cocina sea funcional (y que no me cueste un riñón)!
Cr.: @loreeinexo en Tiktok. Alguien te lo tenía que decir, y a mí seguro que no me haces caso. (He recortado el vídeo pero habla de muchos otros ejemplos que encontraréis en el original).
Bueno, que me disperso, y el tema de hoy no es el ✨capitalismo✨ ni las redes sociales; aunque sí es algo que tengo pensado para el futuro.
⚠ Aviso que se viene un texto contundente porque cuando ya estaba pensando en cerrar, me venían más y más ideas; y cada vez se me hacía más complicado hilar unas con otras. Si sientes desconectado un párrafo de otro, es por eso.
El caso es que, estando en el Ikea, pasó a mi lado una chica que tendría unos 15 años, chulísima, vestida en estilo Y2K. Con una falda larga de encaje sobre unos vaqueros gastados oversize y el eyeliner casi conectado al final de la ceja. El tipo de chica al que yo habría admirado si ahora tuviera edad de ir al instituto, si me preguntan. Supongo que el equivalente moderno a la estética Emo/Grunge.
No tiene nada que ver con el título ni estoy insinuando que esa chica fuese "llamando la atención", sino todo lo contrario.
¿Nunca te has sentido como si estuvieras en una lucha constante entre hacer lo que te gusta o encajar?
Entrando en la adolescencia, vives unos largos años de autodescubrimiento. Dejas atrás el rebaño de 20-30 más como tú que siguen a mamá patito a donde vaya.
Es complicado porque hasta ahora siempre te habían dicho lo que tienes que comer, cómo vestir y hasta quiénes deben ser tus amigos. Con la entrada a la secundaria no solo llegan nuevas responsabilidades, sino también todo el vacío existencial de cambiar de centro. Es posible que gente que conoces de toda la vida ya no vaya al mismo que tú; de repente la gente te toma en serio para lo que deberías ser pero no para lo que querrías ser; y tus amigos de siempre te dejan de caer bien y no sabes muy bien por qué. (Están pasando por el mismo proceso, pero a partir de ahora nadie tendrá tiempo para mirar nada que no sea lo propio)
Sea como sea, los conozcas o no, te ves en medio de un montón de gente nueva, con las hormonas en plena rave e igualmente desorientada. Por no hablar de lo mucho que complicaron las cosas Internet y las Redes Sociales. Si antes tenías que ir a la única tienda que había para saber lo que se llevaba, o esperar a que alguien ya lo hubiera comprado; ahora la necesidad de pertenecer empieza en casa, la llevas en la palma de la mano, en todo momento. No existe un único estilo de ropa, tus gustos musicales van más allá de lo que pongan tus padres o la radio, hay miles de libros por leer, películas que ver y más de dos formas de reaccionar a un mismo suceso.
Hay muchas opciones. Demasiadas. Pero si hay algo que no cambia son las normas. El más guay sigue siendo el que hace las cosas que están de moda antes que los demás, el revolucionario que más se diferencia del grupo (pero siempre dentro de unas pautas sociales estrictas y asociadas a su grupo, no vayas a ser demasiado raro).
Hacer lo más vistoso y hacerlo visible.
Si por algún casual a ti no te gusta lo que está de moda, lo cual es mucho más normal de lo que crees aunque en el momento no lo parezca, serás categorizado de 'rarito' por lo menos hasta la universidad (cuando se te concederá una nueva oportunidad de reinserción al mundo social que, si para entonces no estás en paz contigo mismo, será igualmente devastadora).
Toda las cosas que hemos mencionado hasta ahora, sumadas a este nuevo conflicto suponen una carga tan pesada que es posible que al final decidas dejarte llevar para tener una preocupación menos.
Hace tiempo vi una viñeta basada en un cuento infantil que resume muy bien esta situación. Seguro que alguna vez te ha salido por ahí alguna variante, si no la historia original. En ella se ve a un cuadrado que, por intentar encajar en un grupo de círculos, se corta las esquinas, lo cuál no sirve de nada porque los círculos saben que es un impostor. Más tarde, y mientras se está recuperando de sus heridas y volviendo a tener esquinas, el cuadrado conoce otro grupo de cuadrados en los que encaja a la perfección sin necesidad de sacrificar quien es.
Yo lo terminé de interiorizar la primera vez que vi en Twitter (X) una de las muchas, muchísimas versiones, del clásico hilo titulado "Cosas que todos hemos hecho de pequeños".
Ahí descubrí que hasta el incidente más vergonzoso y que jamás me atrevería a pronunciar en voz alta, era una anécdota graciosa compartida por toda una generación. Desde hacer carreras con las gotas de lluvia que se escurren por las ventanas del coche hasta pellizcarte alrededor de una picadura de mosquito para no rascar por encima. Mucha gente conoce ese grupo que, cuando lo mencionas en alto en clase, tus compañeros te miran mal. Casi todas hemos tenido un ex tóxico que nos controlaba esto o lo otro. Hay muchas personas en relaciones a distancia, situaciones económicas menos favorables, o amistades falsas. Y esa falda que aquí no se lleva, en Corea es la última moda.
El punto de toda esta tertulia bochornosa es que este descubrimiento, lejos de romper un mito, fue un ALIVIO para mí. Porque si coincidía con completos extraños en algo tan simple como pensamientos intrusivos inconexos, cómo no iba a existir gente que compartiera conmigo cualquier otra cosa que se me pasara por la cabeza.
Ese hilo me dijo "Existe gente que piensa lo mismo que tú, solo que no la has encontrado aún".
Este pensamiento me ha ayudado a sentirme menos sola en esos momentos que parece que todo va en tu contra, que no puedes hablar con nadie.
No tienes que forzarte a ser alguien que no eres y traicionar tus principios para encajar en no sé qué grupo social que crees que admiras, pero que no te respeta en absoluto.
No tienes que salir de fiesta si lo que quieres es quedarte en casa. No tienes que apuntarte a la cena de grupo si no te hablas con nadie, ni pagar un regalo conjunto a una persona con la que no simpatizas. No tienes que comprar lotería de tus compañeros de trabajo ni juntarte con gente que ves que está todo el día criticando al que falta (sufriendo la ansiedad continua por estar siempre presente para no ser la siguiente diana).
Cada vez que te callas lo que de verdad piensas, pierdes un poquito de ti.
Así de primeras no lo parece porque estamos acostumbrados al placer inmediato pero, créeme que, a la larga, te va a hacer sentir mucho mejor defender lo que crees que es injusto, que cuatro palabras bonitas de gente que no te conoce de verdad. Pesa mucho mirar atrás y ver que comprometiste tu dinero en las incómodas zapatillas que lleva todo el mundo, y cuyos defectos nadie menciona en voz alta, cuando lo que realmente querías o necesitabas era otra cosa.
Ya lo dice Mr. Wonderful, Encuetra gente con la que ser tú no sea complicado.
Este fin de semana me he estado leyendo estas novelas gráficas que hablan precisamente de ser invisible y sentirse fuera de lugar; la ansiedad y las inseguridades cuando eres una persona que lo sobrepiensa todo, y el alivio que supone hablar con gente que se siente igual que tú y que por fin te ve como lo que eres, sin poner sobre ti el peso de sus expectativas.
Me encantaría empezar a leer más sobre estos temas de salud mental, así que podemos convertir este en nuestro pequeño momento de intercambiar recomendaciones.
¿Hay algún libro o película que te haya marcado y estés deseando compartirlo con alguien? ¡Te leo en comentarios!
La semana que viene más.
---
P.D.: Todavía estoy arrancando y averiguando qué es lo mejor y más cómodo tanto para mí como para ti. Y ya que estás dedicando tu tiempo a leerme, qué menos que hacerte partícipe de todo el proceso. Si tienes alguna sugerencia de temas de los que quieras que hablemos, de diseño, la frecuencia de las publicaciones, recomendaciones de charlas, podcasts... Estamos en petit comité :3




Me siento identificado con esas pequeñas cosas que haces cuando eres pequeño, has interiorizado que solo las haces tú, pero pertenecen a una generación entera, como el ejemplo que pones de las gotas de agua o el de ir caminando de baldosa en baldosa sin pisar el borde.
ResponderEliminar