O lo que viene a ser : Vas a tenerme de copiloto para el resto de los días.
Esta semana tenía programada otra publicación pero, mientras escribía, me he dado cuenta de que es un tema que necesito madurar todavía largo y tendido.
Así que hoy vengo a hacerte partícipe de mi delirante confabulación contra el sistema.
Ya sé que no nos va a llevar a ninguna parte, ni voy a ser la precursora de un movimiento revolucionario. De hecho, partimos de que tengo a la mayoría de la gente en mi contra.
El caso es que no, como puedes suponer por el título, no tengo permiso de conducir.
A mis 27 años es un tema que siempre despierta controversia y alguna que otra discusión cada vez que sale a relucir. Y no es que esté orgullosa de ello, pero tampoco me avergüenza. Ni siquiera es que esté frustrada tras innumerables intentos fallidos ya que nunca he llegado a matricularme en una autoescuela. Ni me lo planteo por el momento.
No vengo a convencerte. Digamos que una vez más me he sentido acorralada y solo quería defenderme. Dejar mi postura por escrito.
Y antes de que sientas la necesidad de criticarme, solo si la llegas a sentir, déjame decir que:
No existe una única forma de hacer las cosas bien. No existe una norma omnipotente que funcione para todo el mundo. No puedes esperar que todos vivan su vida igual. Solo por que no te guste una cosa, no lo convierte en algo malo.
(Mientas no atentes contra los derechos humanos, la integridad de otras personas, la vida, etc. Lo básico, ya sabes)
Este drama empezó hace muchos años, al terminar el último curso del instituto. Lo típico, haces la selectividad y te pasas ese verano pre-universidad sacándote el carnet de conducir. Muchas autoescuelas además hacen promociones especiales.
Tiene todo el sentido del mundo, etapa nueva, un paso más cerca de la madurez. Qué mejor forma de afianzar ese sentimiento que con un coche.
O con carnet nada más, porque muchas de las personas que conozco que se lo sacaron por aquel entonces no tocaron un volante hasta varios años después porque ni lo necesitaban, ni les gustaba tanto conducir en verdad.
"Te va a venir muy bien" "Lo vas a usar un montón" "Es una necesidad básica" "No hay nada como la libertad que te da un coche"...
Siguiendo los mismos argumentos de siempre, desde fuera se ve un poco así, sinceramente:
A no ser que de verdad te haga falta porque vives en un barrio o pueblo mal comunicado, o porque el polígono al que vas a trabajar lo está, y a no ser que tus padres te estén esperando en casa con un coche para ti y ya te hayan metido en el seguro y llenado el depósito, no entiendo eso de que 'te da libertad'.
El coche debería considerarse un privilegio, una herramienta para solucionar un problema, no una necesidad.
Es más, cuantas más vueltas le doy, más parecido a una condena se me hace. Pagar alrededor de 1000€ (si todo sale bien a la primera) solo para obtener el permiso; ya que después después vas a estar sujeto para siempre a unos cargos de seguro, mantenimiento y gasolina que no harán más que subir mientras sigas circulando. Todo esto dando por hecho que que hayas heredado porque, si no, súmale otros cuantos miles de euros a la cuenta. Da igual que sea uno nuevo o de segunda mano, con el segundo llegas a los gastos del primero por todas las cosas que tendrás que reparar.
Estoy más acostumbrada a ver gente apurando los neúmaticos al límite porque este mes no le viene bien cambiarlos, o temblando por un nuevo ruido raro que hace el motor al arrancar de cuyo coste no puede afrontar. No sé si todo este te suena mucho a libertad. A mí dese luego que no.
Y no es que esté ciega ante los beneficios que aporta. Sé que está muy bien poder salir de tu casa cuando quieras, en lugar de depender de unos horarios que no siempre se respetan. Que no todas las ciudades tienen buenos sistemas de transporte público, ni a un precio razonable para sus usarios (cuando iba a la universidad el bonobus costaba 70€/mes, y hace un par de años lo bajaron a la mitad). Y que estar rodeado de desconocidos en espacios no muy amplios a veces da lugar a situaciones desagradables.
Sin embargo, tras poner en una balanza pros y contras, no es un modelo que me funcione. Sí que me preocupé cuando empecé en este nuevo trabajo pero, en el momento en que vi que podía ir y volver sin problemas en autobús, el carnet volvió a caer al fondo de la lista de prioridades.
Entiéndeme, no soy una de esas personas que disfruta los trayectos en coche. Es más, incluso de copiloto me pongo nerviosa con lo temeraria que es la gente, ya sean conductores o peatones, no hay suficientes sustos para lo mal que se hacen las cosas. Nunca he sentido que el volante me llamase. Prefiero tomarme las cosas con calma y dedicar mi tiempo a cosas que sí me apetezca hacer.
Por qué pasarme el viaje a la ciudad vecina manejando pendiente de todo lo que sucede a mi alrededor, gastando dinero en gasolina; pudiendo ir esa misma media hora leyendo un libro tranquilamente por solo 1,50€. Al llegar, vas directamente a donde tengas que ir, sin perder tiempo buscando aparcamiento o gastando aun más en parkings privados (6,60€ por menos de 3 horas es para darle una pensada).
Cuando estás en la universidad todo el mundo entiende que el trayecto en bus es para repasar las notas antes de un examen, perfeccionar la presentación o hacer una entrega; pero cuando damos el paso al mundo laboral, está demasiado normalizado que hay que comprarse un coche, salir a última hora de casa e ir con prisas. A mí me gustan mis 15 minutos de autobús por la mañana para ir desperezando, pensando en mis cosas y mentalizándome de la que me espera cuando llegue.
Así, yo gasto al mes unos 20€ transporte. Mi novio, unos 150€ solo en gasolina para ir al trabajo.
Tenemos el foco puesto donde no es. Si en lugar de comprar un coche cuando vemos que el transporte público no llega, se solicitasen más líneas a horas más convenientes... Pero eso no interesa, claro.
Es una hostilidad, tanto emocional como económica, que me quiero ahorrar mientras pueda.
Que esa es otra. Cuántas veces me habrán dicho la de "Hazlo ahora para que, cuando lo necesites, ya lo tengas". Pero es que no lo necesito.
Siempre la anticipación.
Si algún día parece que lo necesito, ya lo valoraré entonces. Si tengo que llevar a mis padres o hijos a algún sitio, veré con qué frecuencia. ¿Es una urgencia? ¿Podemos ir en bus? Y, si tenemos que ir en taxi, ¿cuántas veces? Porque te puedo garantizar que un par de taxis al mes son mucho más económicos que todas las cosas que te he contado hasta ahora. Además, uno también tiene que conocerse. Yo, tal como soy, no me veo al volante en una situación de emergencia.
No, pero es que cómo lo sabes. No lo sé, pero averiguarlo no es gratis ni agradable. Prefiero no ponerme en esa situación si no es imprescindible. Empecemos a valorar un poco más nuestra paz interior, nuestro propio criterio y nuestro bolsillo, que el dinero todavía no sale de los árboles.
Con toda esta chapa solo quiero decirte que no tienes por qué sentirte mal si no quieres o no puedes sacarte el carnet de conducir. Siempre hay otras opciones, y seguro que eres lo suficiente inteligente como para valorarlas y escoger la que más te conviene.





Como ya sabrás he pasado por esa situación hasta hace poco, ya que me saqué el carnet recientemente con 29 años (algo que se está volviendo una tónica, lo de ver cada vez más gente más mayor sacarse el carnet). Como tú, despedía del transporte público para desolarme o de terceras personas para acceder a lugares concretos.
ResponderEliminarEn parte te doy la razón, ya no solo por los gastos derivados del uso y mantenimiento de un coche que buf……. Sino también por la contaminación y el continuo consumismo que genera.
Por ello una buena red de transporte público y eficiente (en tema coste pero sobretodo en conectividad y horarios) sería muy buen remedio, aunque los egos personales serían un gran Goliat al que derrotar.
Por otra lado, en mi caso, he experimentado la tranquilidad y la calma que me aporta hacer rutas en coche y los lugares que puedes visitar (lugares apartados concretamente).
En el fondo te doy la razón pero con cierto recelo o puntualización, aunque de todas maneras, lo tienen tan bien montado que, por desgracia, seguirán haciéndonos creer que el coche es un necesidad de primer nivel.
Un fuerte abrazo amiga.